El Camino de un tal Santiago
O mejor dicho: el Camino de los Hipócritas.
Cada persona es diferente, que duda cabe. Cada uno de nosotros reúne una serie de características que nos hacen únicos, singulares (aunque no tanto).
Dentro de nuestra individualidad, nos podemos definir, entre otras muchas cosas, como: buenos y malos. Y no quiero hablar sobre el bien y el mal, sobre si existen o no, o sobre eso que dicen de que nadie está capacitado para definir un acto como bueno o malo, porque todo depende de las circunstancias, etc … No, a grandes rasgos: una persona que apalea a otra por ser diferente (bien sea en su color de piel, ideología, sexo o condición social) es mala, sí, para mí, además de otras cosas, eso es ser una persona mala. Del mismo modo, la maldad se ve representada en personas que disfrutan riéndose del prójimo y humillándole. O esos otros que necesitan tener siempre a alguien bajo sus pies, para demostrar así que son más fuertes y dejando clara su supuesta superioridad. Bueno, creo que más o menos dejo claro a lo que me refiero.
Como dije antes, no hablaré sobre el mal (y el bien), si no, como la cualidades que te hacen ser así, cambian, o mejor dicho, se camuflan dependiendo del entorno. Sí, cada ocasión y cada contexto requiere una serie de comportamientos, de acuerdo. Pero hay varios momentos en el que esa adaptación pasa a llamarse Hipocresía; y uno de ellos es el famosísimo peregrinaje del Camino de Santiago (Nota: véase también Navidades).
Aclaro ahora, desde el principio, que nunca he hecho tal peregrinaje (aunque si sumamos las veces que he hecho el camino de casa-facultad-casa, pasando por delante de la catedral, podría sustituir a una etapa como mínimo… ¿no?...)
Sí conozco a varias personas que lo han hecho y he escuchado muchas historietas (más que historias) sobre el paseito que se dan algunos con la mochila a cuestas.
Para conseguir la ansiada y merecidísima Compostelana tienes que alegar motivos religiosos. Pues bien, todos alegan motivos religiosos, ya sean satánicos, agnósticos o diabéticos, la cosa es que te den el papelito donde quede bien claro que has pateado
A lo que voy, que me pierdo: va a ser cierto eso de que el camino tiene algo mágico, místico y misterioso que consigue que todos los caminantes se conviertan en buenas personas. En el momento en el que te calzas las botas de Decathlon y te pones tu camiseta Quechua, tu lado malvado cae en un profundo letargo. En ese momento pasas a amar al prójimo, respetar la naturaleza y renegar de todo lo material. Crece en ti un sentimiento de solidaridad que más hubiera querido para sí la fallecida Lady Di: compartes el poco agua que te queda, repartes tiritas a diestro y siniestro, la filantropía exuda por cada herida de tus pies, te sientes vivo, realizado y en paz contigo mismo… estremecedor, ¿verdad?
Lo más curioso y decepcionante viene después. Cuando tus heridas van curando, la piel recobrando su color original, y mientras te llenas la boca diciendo que fue una experiencia única y enriquecedora, en ese preciso momento, tu Yo real, tu Yo durmiente, va despertando; vuelves a ser el mismo que eras (bueno o malo). Y lo único nuevo que tienes después de tanto andar es un papel, y unas cuantas fotos, que ya te encargarás de enseñar a cuantas personas puedas, para demostrar, una vez más, que eres mejores que lo demás.
Si tan enriquecedora fue la experiencia, si tan bien te sentiste contigo mismo, ¿Por qué no continuas con la misma actitud todos y cada uno de los días de tu vida? ¿Acaso vale con ser bueno durante unos kilómetros?
Si todas esas cosas buenas te aporta el camino, creo que da igual donde lo empieces, lo importante es que no acabe nunca.
P.D.: hoy me beneficié de un descuento exclusivo para peregrinos en RENFE. No fui yo, fue el vendedor, que le caí en gracia. Así que si os preguntan: hice el camino desde Sarria.
Saludos KlisKlasianos.
